Mejor mira esto: Shin Godzilla | moderbord

Mejor mira esto: Shin Godzilla

Mejor mira esto es una serie de textos quincenales dedicados a recomendar películas fuera de las tendencias y los algoritmos. Esta semana es el turno de Shin Godzilla, película que reinventó al icónico monstruo en el marco del Japón post-Fukushima. 

Las últimas dos semanas trajeron una bocanada de oxígeno para las grandes cadenas de cine, mismas que han permanecido cerradas prácticamente todo el año desde que la pandemia aniquiló nuestras rutinas tan rápido como un monstruo gigante aplasta un rascacielos. Godzilla vs. Kong tuvo el fin de semana de estreno más grande de la era Covid (meta que tampoco era demasiado difícil de superar), a pesar de que estaba disponible simultáneamente en HBO Max para el público estadounidense. Ejecutivos de Warner Bros., distribuidor de la película, se apresuraron a declarar la salvación de los cines a pesar de que la alza en contagios en varios territorios amenazan con traer nuevos confinamientos (y no, no soy el único aguafiestas).

Es fácil ver por qué una película así atrajo al público de vuelta a las salas: el prospecto de un mono y una largatija titánicos, dándose de zapes entre una devastación ensordecedora, no suena tan atractivo en la pantalla de casa como en la de un cine. Para bien o mal, es la clase de entretenimiento estilo “parque de diversiones” que sólo se disfruta al máximo frente a la gran pantalla.

Y no tengo nada en contra de ello. Todos disfrutamos de esta clase de películas aunque sea de vez en cuando (me declaro fan de la primera Titanes del Pacífico). Pero Godzilla vs. Kong, tildada como la promesa consumada de la franquicia hollywoodense conocida como MonsterVerse (inaugurada con el remake estadounidense Godzilla, de 2014), se presta para regresar a los orígenes de su kaiju titular. Después de todo, en una esquina está el monstruo gigante estadounidense más famoso de la historia, pero su contraparte bien podría ser el personaje de origen japonés más importante en el canon cinematográfico mundial. También ha sido el más prolífico, aunque no siempre para bien.

El contexto que da origen a Godzilla no sólo permite entender su trascendencia por casi siete décadas, sino que también deja ver por qué, para Hollywood, no es mucho más que una bestia capaz de una devastación espectacular que se traduzca en billetes verdes. En su tierra natal, Gojira nació como una parábola del miedo nuclear que tan bien conocían los japoneses entonces, un ser ancestral despertado de su sueño por la arrogancia atómica de la humanidad. Antes de desencadenar la moda de las kaijū eiga (“cine de bestias extrañas”), Godzilla (1954) por sí sola se convertiría en uno de los acontecimientos fílmicos más catárticos de los años de la Guerra Fría.

A ella le seguirían una veintena de películas (cada una más ridícula que la anterior) en las que el monstruo pasaría de ser enemigo de la humanidad a su defensor. Habría un eventual reboot en 1984, y luego vendría la adaptación hollywoodense de 2014 (después del infame intento de 1999). Sin embargo, por sus mismas naturalezas, ninguna de ellas rescataría el espíritu que definió al personaje en sus raíces.

Entonces, en 2011, un viejo monstruo del imaginario colectivo japonés volvió a cobrar vida. El  terremoto y tsunami de Tōhoku desencadenó el desastre nuclear de Fukushima, considerado el más grave de su clase desde Chernóbil, en 1986.

Shin Godzilla: ¿de qué va?

Aunque radicalmente distinta en espíritu a su contraparte estadounidense de 2014, Shin Godzilla (literalmente “Nuevo Godzilla”) o Godzilla resurge fue un producto indirecto de su éxito. Mientras Legendary Pictures recibía luz verde para continuar con su MonsterVerse al otro lado del Pacífico, Toho Pictures –estudio propietario de la franquicia– planeaba montarse a la ola con la primera película de su famoso monstruo en más de una década. ¿Los directores? Hideaki Anno, creador del anime Neon Genesis Evangelion (1995-1996), y Shinji Higuchi, director de la adaptación live action del anime Attack on Titan (2015).

Estrenada en 2016, Shin Godzilla tiene un inicio mucho más abrupto que su predecesora de 1954: va directo al punto, da por hecho que, si la catástrofe debe suceder tarde o temprano, más vale que sea temprano. Aquí el factor sorpresa no está en la aparición del monstruo, sino en los actos y apariencia de éste. Este Godzilla no resurge en su clásica forma bípeda, sino como una grotesca criatura que repta y sangra, derramando radiación entre la marea y las montañas de escombros que arrastra consigo. Gojira, pues, deja de ser un símbolo de la paranoia nuclear del siglo XX, para representar el tsunami de Tōhoku en sí mismo.

Sin embargo, fiel al espíritu de su progenitora, esta reinvención de Godzilla funciona también como espejo de la psique colectiva de su momento. El monstruo, de hecho, suma muy poco tiempo en pantalla, convertido más en la encarnación de un acontecimiento abstracto que en un personaje. Los protagonistas, en cambio, son los humanos burócratas que deben responder a la crisis.

Lo cual, en papel, suena extraordinariamente aburrido, pero es aquí donde Shin Godzilla adopta su faceta más sorprendente: la de sátira. La respuesta del gobierno japonés al desastre de Fukushima fue tildada como desastrosa, entorpecida por una cadena de mando plagada de protocolos y por las propias leyes nacionales (entre líneas se alude al Artículo 9 de la constitución japonesa, imposición estadounidense que anula el derecho soberano del país asiático a la guerra).

A través de secuencias enlazadas por un frenético montaje, la película se burla abiertamente de los añejos funcionarios que van de una sala de reunión a otra sin lograr nada, comunicando al público información que ha caducado hace horas. Cuando la catástrofe muta y se torna incontenible (como eventualmente sucedió con Fukushima), la responsabilidad cae en los funcionarios más jóvenes, dispuestos a pasar por encima de las normas y a oponerse a una comunidad internacional que no duda con imponer soluciones radicales y opresivas. A su modo, Shin Godzilla es también una parábola de un naciente nacionalismo japonés.

A pesar de su fondo más rico y de los laureles internacionales, Shin Godzilla no ha dado lugar a ninguna secuela directa: el brazo japonés de la franquicia sólo continúa con una trilogía de anime inaugurada por Godzilla: Planeta de monstruos, que ve a la bestia convertida en una amenaza interplanetaria. Por su parte, sus hermanas estadounidenses podrán tener mayores presupuestos y ser más espectaculares, pero sin duda, el mejor momento del gran kaiju fue en esta película de 2016.

Shin Godzilla está disponible en Blu-ray + DVD + Copia digital, en este enlace.

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Autor
Este no es el droide que estás buscando. Editor de Filmelier.com y crítico de cine publicado por Empire, Revista Encuadres y el Festival de Cine de Los Cabos, entre otros.