La voz de Stephen Hawking | moderbord

La voz de Stephen Hawking

¿De dónde salió la voz de una de las mentes más brillantes que el mundo ha visto? Te contamos la historia

Inconfundible es uno de los adjetivos que me vienen a la mente cuando pienso en la voz de Stephen Hawking. Esa voz robótica, mezcla de “acentos escandinavo, americano y escocés”, como él mismo la describía, tiene un origen que poco nos detenemos a indagar.

Hawking, poseedor de una mente exquisita, fue diagnosticado a los 21 años con esclerosis lateral amiotrófica (ELA), enfermedad que afectó paulatina y dramáticamente su movilidad, pero dejó intacta su capacidad cognitiva. 

En 1985 el astrofísico contrajo una severa neumonía en Génova. Su vida corría inminente peligro y se le practicó una traqueotomía de emergencia. La consecuencia: se mantuvo vivo, pero perdió la voz. 

Lo que vino después fue el desarrollo de un sistema de deletreo y cartas para comunicarse. La tarea era muy ardua y poco sostenible para su esposa y ayudantes. Por ello el físico Martin King, allegado a Hawking, contactó a la compañía californiana World Plus. Uno de sus programas permitía al usuario elegir letras y comandos en la pantalla de una computadora gracias a un interruptor, sin necesidad de un teclado o un mouse. El CEO de esta empresa donó un equipo Apple II con los programas necesarios para que Hawking se comunicara de forma independiente. 

¿De dónde salió la peculiar y robótica voz de Hawking? La respuesta: el ingeniero estadunidense Denis Klatt, quien trabajó en el prestigiado Instituto de Tecnología de Massachussets (MIT), y era experto en generar de forma realista el habla humana a partir de texto que se almacenaba en una computadora.

En 1984 el experto en síntesis de voz computarizada invirtió muchas horas grabando su propia voz en más de 300 archivos individuales, dando lugar a la creación de Perfect Paul. El doctor Klatt grabó incluso en la etapa en la que fue sometido a quimioterapia por un cáncer que, irónicamente, terminó por dejarlo sin hablar y le provocó la muerte en 1989. 

La empresa Digital Equipment Corporation desarrolló el prototipo DECtalk, basado en el trabajo del doctor Klatt en el MIT. Posteriormente, al profesor Hawking le adaptaron a su silla de ruedas un DECtalk para reproducir los textos que escribía. Incluso existen testimonios respecto a que las primeras palabras que pronunció Hawking estaban relacionadas con escribir la Breve historia del tiempo. Del Big Bang a los agujeros negros (A Brief History of Time. From the Big Bang to Black Holes).

Para 1988 un equipo de ingenieros le presentó a Stephen Hawking una mejora en la voz. Él se negó al cambio, y pidió que le regresaran a Perfect Paul. La voz de Hawking era la voz de Klatt.

Aunque actualmente estamos habituados a las voces sintetizadas, e incluso nos parecen un poco arcaicas, en la década de 1980 fueron algo completamente innovador. Al inicio, Hawking podía operar el teclado para formar las frases con el movimiento de su mano, mediante una computadora de escritorio que estaba conectada a la parte trasera de su silla de ruedas, la cual ostentaba potentes y aparatosas baterías. Una bocina era la encargada de proyectar su voz.

En 1997 Hawking conoció a Gordon Moore, cofundador de Intel, quien le ofreció actualizar su computadora y mejorar la forma en la que se comunicaba. La enfermedad del físico teórico había avanzado: ya no le era posible mover la mano, por lo que un sensor de proximidad ―instalado en sus gafas― le permitía elegir las palabras mediante el movimiento de su pómulo: “Interactúo con esa computadora a través de un programa llamado ACAT [Assistive Context-Aware Toolkit] que me muestra un teclado en la pantalla. Un cursor escanea automáticamente ese teclado por filas o columnas, y puedo seleccionar una letra moviendo mi mejilla para hacer detener el cursor”, explicó Hawking.

Según los ingenieros de Intel, existían tres sistemas para darle voz a Hawking: el sensor de sus gafas que captaba el movimiento, la plataforma de Software que tenía un teclado virtual donde seleccionaba letra por letra y desplegaba un predictivo que ―como Swiftkey― aprendía de sus escritos, correos y demás textos y el sistema de lenguaje sintetizado que convertía los caracteres a voz, a través de una computadora Lenovo y el sistema operativo Windows, de Microsoft. También podía activar el modo silencio cuando comía o no quería hablar. La voz estaba protegida por IP e Intel tiene el derecho de autor (copyright) sobre ella.

“Puedo controlar mi e-mail usando Microsoft Outlook, navegar por Internet o escribir mis ponencias en Word. También tengo una cámara para usar Skype o mantenerme en contacto con mis amigos […] Cuando tengo una frase lista, puedo enviarla a mi sintetizador de voz. Uso un Hardware desarrollado por Speech Plus”, describió Hawking.

Este sistema desarrollado por Intel se actualizaba periódicamente, y tomaba en cuenta las necesidades del físico. Fue así hasta el último instante en el que podía controlar únicamente un músculo cercano a su ojo. Pese a las mejoras, hubo un aspecto que se mantuvo prácticamente intacto: su peculiar voz sintetizada. No importó que los avances tecnológicos pudieran dotarlo de una más natural, incluso basada en la suya y con su original acento británico. Por más de dos décadas, no estuvo dispuesto a cambiar su voz: le gustaba cómo sonaba. 

Algunas aportaciones teóricas de Stephen Hawking sobre los agujeros negros y sobre el universo, incluidas conferencias, artículos y libros como El universo en una cáscara de nuez (The Universe in a Nutshell), Brevísima historia del tiempo (A Briefer History of Time), La teoría del todo. El origen y el destino del Universo (The Theory of Everything. The Origin and Fate of the Universe) no se conocerían de no ser por el dispositivo, los softwares y el constante desarrollo tecnológico que lo dotaron de herramientas para su comunicación hasta su fallecimiento el 14 de marzo de 2018.

Quizás en la inmediatez de lo cotidiano dejamos de lado las singularidades que nos hacen ser, o parecer, únicos. Me gusta pensar en la versión única de Hawking, haciendo lo que más le gustaba: teorizando sobre física mientras leía Middlemarch. Un estudio de la vida en provincias de George Eliot, seudónimo de Mary Anne Evans, y comiendo “el colmo del lujo”: crème brûlée

O dejándose deleitar por su segunda pasión: la música. Me es sencillo imaginarlo escuchando los discos y canciones que se llevaría a una isla desierta, según comentó en el programa radiofónico de la BBC Desert Island Discs (Discos de la Isla Desierta): Gloria, de Francis Poulenc; Concierto para violín en D mayor, de Johannes Brahms; Cuarteto de cuerda número 15 en A menor (Op. 132), de Ludwig van Beethoven; La Valquiria (primer acto), de Richard Wagner; el álbum debut Please Please Me, de The Beatles; Turandot, de Giacomo Puccini, y Réquiem en D menor (K. 626), de Wolfgang Amadeus Mozart, por mucho su favorito porque “sería capaz de escucharlo hasta que se agotaran las pilas de mi minicasete”. 

Finalmente, la lista de reproducción musical cerraría con el compendio de la vida del divulgador científico: Non, Je Ne Regrette Rien, de Edith Piaf. Porque el genial Stephen Hawking, como era de suponerse, no se arrepintió de nada.

Autor
Correctora de estilo. Dictadora de las letras. Apasionada por la literatura, los viajes y la fotografía. Amo encontrarle formas a las nubes y las narices de los perritos.