Mejor mira esto: Apolo 10 ½: Una infancia espacial | moderbord

Mejor mira esto: Apolo 10 ½: Una infancia espacial

Mejor mira esto es una serie de textos quincenales dedicados a recomendar películas fuera de las tendencias y los algoritmos. Hoy es el turno de Apolo 10 ½: Una infancia espacial, del director Richard Linklater.

Las últimas dos semanas han sido extrañas para la industria del cine, y no tanto por los cachetadones (tristemente, lo que ha opacado cualquier cosa remotamente positiva de los Oscar 2022), sino por las contradicciones.

Lo realmente interesante de la premiación fue que, luego de casi una década de querer ganar el principal premio de los Oscar a punta de billetazos publicitarios y relaciones públicas, Netflix vio cómo Apple le arrebató la codiciada estatuilla a Mejor película en su primer intento con CODA: Señales del corazón (la película es distribuida por la marca de la manzana en Estados Unidos y otros territorios).

Es un tema de varios factores, pero de acuerdo con varios análisis (incluido el nuestro en Filmelier), la decisión de darle el Oscar a la que quizá era la menos propositiva entre las 10 nominadas, responde a la necedad de no darle el mayor reconocimiento de Hollywood a la compañía que ha venido a poner de cabeza el modelo de negocios de la industria.

Y vamos, no es que Netflix sea la única compañía de video en streaming –Apple incursionó en el mercado hace mucho menos tiempo–, pero sí es la única que, en términos de comunicación, se ha comportado como el chico nuevo con todo el dinero y el auto más lujoso. De sus dos sedes, una está construida en “tierra santa” hollywoodense: en el lote junto al viejo estudio donde Warner filmó El cantante de Jazz y cambió la historia del cine para siempre.

La ironía del asunto es que, si las plataformas de streaming tienen una gran parte de las películas señaladas como “oscarizables” (como El poder del perro, de Netflix, que era considerada la candidata que debía llevarse ese Oscar), es porque cada vez hay menos espacio para ellas en las salas de cine tradicionales, rebasadas por la secuelitis de las franquicias. El pasado diciembre, en Estados Unidos, le fueron retiradas funciones a películas como El callejón de las almas perdidas (la más reciente de Guillermo del Toro, también nominada) para darle todavía más lugar a la aplanadora de Spider-Man.

Pero también es cierto que, a menos que las vea como candidateables a un premio, Netflix parece perfectamente conforme con mandar películas de grandes cineastas al olvido de su infinito catálogo, estrenándolas sin mayor aspaviento ni inversión publicitaria.

Así es como, mientras Morbius se anota un golazo en la taquilla mundial (a pesar de lo extraordinariamente mediocre que es), lo más nuevo de uno de los mejores cineastas estadounidenses en activo, puede caer en la plataforma de la gran N roja y pasar sin pena ni gloria. Se trata de Apolo 10 ½: Una infancia espacial (Apollo 10 ½: A Space Age Childhood), de Richard Linklater.

Apolo 10 ½: ¿de qué va?

Regresando al estilo de animación con rotoscopio que distingue a sus otras propuestas animadas, como Despertando a la vida y Una mirada en la oscuridad, Linklater (director de Boyhood, Antes del amanecer y sus dos secuelas) se sube a la tendencia de directores consagrados que gustan de mirar al pasado y contarnos sus infancias.

Sin embargo, el director estadounidense agrega elementos fantasiosos a la mezcla. Apolo 10 ½: Una infancia espacial se desarrolla a finales de los 60 en Houston, Texas; es decir, en el mero clímax y en la meca de la carrera espacial.

Es en los meses entre 1968 y 1969 que Stan (Milo Coy), un niño de 10 años, es abordado por dos agentes de la NASA que tienen un predicamento: el transbordador para la próxima misión del programa Apolo ya fue construido, pero resultó un poco más pequeño de lo necesario, por lo que sólo puede ser pilotado por un niño. No usarlo representaría tiempo y millones de dólares tirados a la basura, así que lo invitan a participar secretamente en la misión. Stan accede, y comienza su entrenamiento exprés para convertirse en astronauta.

Apolo 10 ½ es un viaje nostálgico a la era de Star Trek, Hechizada y los veranos de juego en los suburbios estadounidenses (Crédito: Netflix)

Sin embargo, el entrenamiento secreto de Stan es sólo un pretexto narrativo que encuadra un viaje a la vida en Houston durante los 60, narrada en retrospectiva por el Stan adulto (con la voz de Jack Black). Apartándose de la aventura del protagonista por un trecho considerable de la trama, el director opta por retratar cómo era vivir con una familia de ocho en una ciudad donde “no hay historia”: todo era nuevo y, por lo tanto, sólo estaba la emocionante visión del futuro.

Dicho de otra forma, Apolo 10 ½ es la clase de película que, con la distancia del tiempo, mira al optimismo de la época por el futuro con nostalgia. Después de todo, es un director contándonos cómo era crecer rodeado por la carrera espacial, con sus implicaciones emocionantes y cuestionables, en la escuela, en la calle y en casa (al menos en la película, el padre del protagonista es funcionario de la NASA). Sin embargo, también hay mucho que nos dice entre líneas.

Cuando Stan se obsesiona con 2001: Odisea del espacio, resulta gracioso pensar que la película auguraba que la humanidad ya habría alcanzado Júpiter en los albores del nuevo milenio. O como cuenta el narrador, la suya era la generación que creció con la promesa de celebrar sus lunas de miel en Marte.

Con la perspectiva que otorga el tiempo, resulta curioso pensar que, a pesar de sus legítimas críticas, la llegada a la Luna fue celebrada como un esfuerzo colectivo de una sociedad que trabajaba unida: “cada uno hace su parte” es un tema recurrente en la película, aunque también nos deja ver que la realidad no era tan glamorosa. No es que la exploración espacial haya dejado de ser emocionante, pero sí resulta agridulce mirar atrás y pensar que, hoy, la “carrera espacial” pertenece más a un puñado de millonarios midiéndose el ego.

Así que, en cierto sentido, Apolo 10 ½ es un retrato de las grandiosas expectativas de toda una generación de estadounidenses, que tuvieron que conformarse con sus fantasías de un futuro más emocionante y prometedor. Lo único que queda es recordarlas y sonreír.

Apolo 10 ½: Una infancia espacial está disponible en Netflix.

Lee también: Mejor mira esto 26: Oscar 2022 – Las mejores películas (que quedaron fuera)

Autor
Este no es el droide que estás buscando. Editor de Filmelier.com y crítico de cine publicado por Empire, Revista Encuadres y el Festival de Cine de Los Cabos, entre otros.